martes, 26 de agosto de 2014

Reencuentros

Esta foto la saqué el 27 de Abril en el Parque de la Memoria, un espacio de recuerdo a las víctimas del terrorismo de Estado ubicado en Costanera Norte (al lado de Ciudad Universitaria y frente al Aeroparque) en el que desde distintas expresiones artísticas se recuerda a los detenidos-desaparecidos. El Monumento principal está compuesto de cuatro paredones en los que se encuentran placas con los nombres de cada una de esas personas que fueron privadas de su libertad, torturadas y asesinadas. Esta foto de hecho es en uno de esos paredones, en los que algún familiar, amigo o conocido se acercó a dejar una flor, algo así como una caricia simbólica. Desde el mismo ángulo que saqué la foto es desde donde ví esa imagen con mis propios ojos, antes de interponerla con el lente de mi cámara. Mis ojos hicieron de manera natural el mismo efecto que hice yo con la lente, hice foco en la flor y dejé fuera del mismo al resto. Realcé el color, sinónimo de vida, y dejé borroso el gris, símbolo del terror y la oscuridad.

Además de ésta, saqué otras fotos, pero me las guardé para mí y nos las compartí en ninguna red social. ¿El motivo? evitar las malas interpretaciones, tener que explicar que apoyar la lucha por los Derechos Humanos va más allá de una ideología política y realzar la tarea de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo es una decisión de valor humano.


Pero el 5 de Agosto sucedió algo que lo primero que hizo fue traerme a la memoria esta imagen que estaba arrumbada en mi cámara de fotos. Habían pasado pocos minutos de las 15:30 cuando un amigo me avisa por Whats App: “parece que encontraron al nieto de Estela de Carlotto”, me quedé dura, lo volví a leer y releer creyendo que estaba equivocada. Me zambullí en Twitter, esa red social que es amiga de lo inmediato, y todavía nadie lo confirmaba aunque todos querían hacerlo. Los minutos pasaban y yo pensaba en Estela, esa mujer que hacía tantos años nos hablaba de Guido y de su hija. Que había caminado el mundo buscando datos, testigos, pistas. La realidad es que su nieto podía estar en cualquier parte y ella lo seguía buscando con las mismas ganas desde hacía 36 años. Pasadas las 16 horas se confirmó, Guido Carlotto dejó de ser una incógnita y pasó a tener un rostro. Yo estaba en mi lugar de trabajo y llamé a mi casa, me atendió mi mamá y le dije: “prendé la tele, poné algún canal de noticias”, me decía que no entendía qué pasaba, todavía nadie lo había dicho así que tuve que darle yo la noticia: “encontraron a Guido Carlotto”, esa vocación periodística se estaba haciendo presente una vez más. Mi vieja se quedó en silencio unos segundos y me dijo: “qué lindo regalo de cumpleaños”, sí, ese día cumplió sus 55 años y yo pude darle una noticia hermosa, esas noticias que todos queremos dar. Ella se emocionó, yo hacía rato que tenía los ojos llenos de lágrimas. Le pedí que dejara el tubo del teléfono al lado del parlante del televisor para escuchar lo que los medios transmitían.

Pensé en ese 27 de Abril, un domingo hermoso, soleado, cálido, en el que yo estuve sacando fotos en ese lugar de reflexión. ¿Qué habrá estado haciendo ese domingo Ignacio Hurban? Seguramente tocando el piano en Olavarría, tomando mates, pero… ¿estaría evaluando su identidad? ¿dudaría de su origen por esos momentos? ¿Y Estela? Probablemente fue un domingo más en los que pensó en dónde estaría… Y yo estaba en ese lugar imaginando cómo debe ser buscar a alguien que no sabés en donde está, ni como es su rostro o cuáles son sus gustos.

Pese a no tener, afortunadamente, ningún familiar o amigo cercano, que haya pasado por tal atrocidad, siempre sentí cierto interés por los hechos que se vivieron durante la última dictadura militar. Un poco por mi papá que es un interesado por la política en sí y es quien me llevó poco a poco a ser parte de esta historia reciente de nuestro país. Y otro poco por propia voluntad. La tarea de Abuelas de Plaza de Mayo con Estela de Carlotto a la cabeza nos mostró a diario en todos estos años que la unión hace a la fuerza, que el compromiso por encontrar a cada nieto como si fuera el propio son hechos que hablan por si solos del valor de una persona que pasó de dar clase en un colegio a golpear puertas en busca de su hija y luego de su nieto. Que su vocación docente la trasladó a dar el ejemplo de la mejor manera, mostrándonos que desde el amor se consigue todo aquello que nos proponemos, y que el que abandona no tiene premio.
Pero por sobre todo, nos mostraron que aquello que intentaron perpetrar durante esos años, la disgregación de la sociedad toda, no pudieron llevarlo a cabo, estas mujeres se juntaron igual, pasando por locas, sufriendo escraches, algunas siendo asesinadas también. Y la vida les fue demostrando que como gotas de agua que se unen, el ADN se atrae, se busca y se encuentra. Ese fue su premio a base de investigación, creatividad y llegada en cada uno de nosotros.

Hoy hago pública esta foto en el marco de la noticia que todos queríamos dar y recibir. Esa flor es la alegría que tanto esperabas después de tantos años de lucha. Gracias Estela por eso también.

PD: después de escribir este texto y antes de subir la foto hubo otra gran noticia hace poco días, otra nieta recuperada. Uno más… Uno menos…



Ah, y si estás leyendo esto y tenés dudas sobre tu identidad, llamá a Abuelas :)

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