viernes, 29 de enero de 2016

De fechas y agasajos

Resulta que hay que esperar que sea 29 cada mes para comer un plato de ñoquis. Que el almanaque marque 14 de febrero para ir a cenar a un lugar diferente con tu pareja, decirle que la amás y hasta hacerle un regalo. 
Muchos esperan que una persona cumpla años para comprarle algo que vieron en una vidriera y al instante pensaron en ella. 
Otros le compran un regalo al hijo, nieto o sobrino el día del niño y nunca lo sorprenden con un regalo fuera de lo que les marca el calendario.

La verdad que es bastante aburrido andar por la vida regida por fechas para hacer algo. Fechas que fueron impuestas por vaya a saber qué creencias. ¿Hay que esperar para sentir? Eso no se planifica.

Tradición debería ser hacer lo que uno siente de manera sincera cuando le nace. Ese sería un hermoso rito.

martes, 26 de agosto de 2014

Reencuentros

Esta foto la saqué el 27 de Abril en el Parque de la Memoria, un espacio de recuerdo a las víctimas del terrorismo de Estado ubicado en Costanera Norte (al lado de Ciudad Universitaria y frente al Aeroparque) en el que desde distintas expresiones artísticas se recuerda a los detenidos-desaparecidos. El Monumento principal está compuesto de cuatro paredones en los que se encuentran placas con los nombres de cada una de esas personas que fueron privadas de su libertad, torturadas y asesinadas. Esta foto de hecho es en uno de esos paredones, en los que algún familiar, amigo o conocido se acercó a dejar una flor, algo así como una caricia simbólica. Desde el mismo ángulo que saqué la foto es desde donde ví esa imagen con mis propios ojos, antes de interponerla con el lente de mi cámara. Mis ojos hicieron de manera natural el mismo efecto que hice yo con la lente, hice foco en la flor y dejé fuera del mismo al resto. Realcé el color, sinónimo de vida, y dejé borroso el gris, símbolo del terror y la oscuridad.

Además de ésta, saqué otras fotos, pero me las guardé para mí y nos las compartí en ninguna red social. ¿El motivo? evitar las malas interpretaciones, tener que explicar que apoyar la lucha por los Derechos Humanos va más allá de una ideología política y realzar la tarea de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo es una decisión de valor humano.


Pero el 5 de Agosto sucedió algo que lo primero que hizo fue traerme a la memoria esta imagen que estaba arrumbada en mi cámara de fotos. Habían pasado pocos minutos de las 15:30 cuando un amigo me avisa por Whats App: “parece que encontraron al nieto de Estela de Carlotto”, me quedé dura, lo volví a leer y releer creyendo que estaba equivocada. Me zambullí en Twitter, esa red social que es amiga de lo inmediato, y todavía nadie lo confirmaba aunque todos querían hacerlo. Los minutos pasaban y yo pensaba en Estela, esa mujer que hacía tantos años nos hablaba de Guido y de su hija. Que había caminado el mundo buscando datos, testigos, pistas. La realidad es que su nieto podía estar en cualquier parte y ella lo seguía buscando con las mismas ganas desde hacía 36 años. Pasadas las 16 horas se confirmó, Guido Carlotto dejó de ser una incógnita y pasó a tener un rostro. Yo estaba en mi lugar de trabajo y llamé a mi casa, me atendió mi mamá y le dije: “prendé la tele, poné algún canal de noticias”, me decía que no entendía qué pasaba, todavía nadie lo había dicho así que tuve que darle yo la noticia: “encontraron a Guido Carlotto”, esa vocación periodística se estaba haciendo presente una vez más. Mi vieja se quedó en silencio unos segundos y me dijo: “qué lindo regalo de cumpleaños”, sí, ese día cumplió sus 55 años y yo pude darle una noticia hermosa, esas noticias que todos queremos dar. Ella se emocionó, yo hacía rato que tenía los ojos llenos de lágrimas. Le pedí que dejara el tubo del teléfono al lado del parlante del televisor para escuchar lo que los medios transmitían.

Pensé en ese 27 de Abril, un domingo hermoso, soleado, cálido, en el que yo estuve sacando fotos en ese lugar de reflexión. ¿Qué habrá estado haciendo ese domingo Ignacio Hurban? Seguramente tocando el piano en Olavarría, tomando mates, pero… ¿estaría evaluando su identidad? ¿dudaría de su origen por esos momentos? ¿Y Estela? Probablemente fue un domingo más en los que pensó en dónde estaría… Y yo estaba en ese lugar imaginando cómo debe ser buscar a alguien que no sabés en donde está, ni como es su rostro o cuáles son sus gustos.

Pese a no tener, afortunadamente, ningún familiar o amigo cercano, que haya pasado por tal atrocidad, siempre sentí cierto interés por los hechos que se vivieron durante la última dictadura militar. Un poco por mi papá que es un interesado por la política en sí y es quien me llevó poco a poco a ser parte de esta historia reciente de nuestro país. Y otro poco por propia voluntad. La tarea de Abuelas de Plaza de Mayo con Estela de Carlotto a la cabeza nos mostró a diario en todos estos años que la unión hace a la fuerza, que el compromiso por encontrar a cada nieto como si fuera el propio son hechos que hablan por si solos del valor de una persona que pasó de dar clase en un colegio a golpear puertas en busca de su hija y luego de su nieto. Que su vocación docente la trasladó a dar el ejemplo de la mejor manera, mostrándonos que desde el amor se consigue todo aquello que nos proponemos, y que el que abandona no tiene premio.
Pero por sobre todo, nos mostraron que aquello que intentaron perpetrar durante esos años, la disgregación de la sociedad toda, no pudieron llevarlo a cabo, estas mujeres se juntaron igual, pasando por locas, sufriendo escraches, algunas siendo asesinadas también. Y la vida les fue demostrando que como gotas de agua que se unen, el ADN se atrae, se busca y se encuentra. Ese fue su premio a base de investigación, creatividad y llegada en cada uno de nosotros.

Hoy hago pública esta foto en el marco de la noticia que todos queríamos dar y recibir. Esa flor es la alegría que tanto esperabas después de tantos años de lucha. Gracias Estela por eso también.

PD: después de escribir este texto y antes de subir la foto hubo otra gran noticia hace poco días, otra nieta recuperada. Uno más… Uno menos…



Ah, y si estás leyendo esto y tenés dudas sobre tu identidad, llamá a Abuelas :)

domingo, 22 de diciembre de 2013

Presencias que son ausencias

¿Qué se hace con esas personas que aparecen sólo en los momentos difíciles? Que no te ayudan a crecer ni a tomar decisiones. Que no están para compartir desde lo más simple, lo más intrascendente, lo más vulgar; a lo complicado, lo que te hace sufrir, lo que te duele. Aquellos que no te acompañan en lo cotidiano: en el día a día.

Pero que al momento de saber que la muerte te pasó cerca, que estás sufriendo de verdad, se “acercan” y te brindan su ayuda incondicional. Su apoyo moral. Su abrazo a la distancia. ¡Nada más irónico que un abrazo a la distancia en un momento de mierda! El abrazo se da, se siente, se forja. Sino, ni se pronuncia.
Esas personas son como la cámara de televisión que llega después del accidente en una esquina donde los semáforos no funcionaban, pero que nunca denunciaron que esos semáforos estaban generando un peligro por no estar en servicio. O sea, no sirven de nada.

No saben nada de vos, se alejaron vaya uno a saber por qué, no quisieron ser parte de tu vida. Pero de golpe algo los apremia y tienen la necesidad de volver a estar, para no estar. De sentirse presentes sin estar presente.

Entonces me pregunto y me vuelvo a preguntar: ¿qué se hace? La respuesta no aparece. Las explicaciones a estas actitudes, tampoco. Lo único que tengo claro, es que quiero ser presencia de mis seres queridos. De brindar ayuda con hechos y no con palabras. De dar abrazos con el corazón y no besos por celular. De estar de verdad. Y no ser un presente, cuando se eligió ser pasado y no se quiere un futuro.

Lisandro Aristimuño - La Última Prosa: https://www.youtube.com/watch?v=v63LbYnR75E

lunes, 1 de abril de 2013

Las personas son un arco iris


Muchas veces me pasa que tengo esos momentos en los que uno los describe como: "me colgué", cuando te quedás mirando fijo un punto cualquiera y tenés una especie de epifanía en la que se te ocurren cosas. Hace unos días me pasó eso. Se me ocurrió pensar en las personas que conozco como si representaran un color. Claro, si uno lee un poco sobre la cromoterapia se entera que, como todo, cada color transmite algo, tranquilidad, espiritualidad, armonía, pasión, movimiento. Y las personas que nos rodean a diario nos contagian de su esencia o personalidad. Aunque a veces es solo un estadio, un momento.
A partir de ese día voy por la vida con mis lentes imaginarios en los que "mido" el color que transmite cada persona. Depende de cómo me siento yo ese día, decido si acercarme o alejarme de unos u otros. Pero hay personas que llevan su color a diario. A algunos me acerco mucho y de algunos me alejo mas.

viernes, 1 de febrero de 2013

Viajar con la mente, para salir de la rutina

Todos los días escucho a las personas quejarse de que están cansadas de la rutina, aburridas, dando vueltas siempre sobre las mismas cosas. Dentro de las actividades que hacemos a diario y no podemos modificar es el viaje que nos lleva y trae de casa al trabajo y viceversa. El mismo horario, el mismo medio de transporte, el mismo recorrido y hasta a veces el mismo chofer y los mismos pasajeros. Si prestamos atención a los rostros de quienes viajan con nosotros notas la mirada perdida, cansada, muchos durmiendo o escuchando –la misma- música de siempre.
Pero hay un pequeño porcentaje que va concentradísimo en algo, motivo por el cual a veces se pasa de la parada en que tenía que bajarse o se pierde de algún acontecimiento ocurrido en el transporte o afuera. Yo me incluyo en ese pequeño grupo que vamos leyendo libros, inmersos en una historia, viviendo otra realidad, viajando por otro paisaje y recorriendo otro camino que el que está recorriendo mi cuerpo. El viaje se pasa volando, si se demoró más o menos que otras veces por problemas de tránsito muchas veces ni me entero. Y el placer que genera conocer otras historias, contadas de tantas maneras diferentes no se compara para nada con ir mirando –las mismas- vidrieras todos los santos días. Cada cuadra recorrida es una página nueva que va quedando atrás. Una historia más que se va develando.
Por eso es que propongo que capitalicemos nuestro tiempo en leer lo que más nos gusta, libros, revistas, lo que sea, pero aprovechemos el tiempo que parece perdido en algo que nos deje riqueza. Una buena lectura. Hoy, tanto a la ida como a la vuelta, éramos dos leyendo. ¡Seamos más!

lunes, 22 de octubre de 2012

Ser tía: un regalo de la vida

Hace exactamente un año, un viernes 07 de octubre de 2011 a las 19:30 nos sacábamos nuestra primera foto.

Minutos antes me mirabas por primera vez. Desde hacía una hora y media yo no dejaba de mirarte pero vos dormías, hasta que te despertaste, y con los ojitos aún cerrados, apenas escuchaste mi voz giraste tu cabecita para donde yo estaba... y nunca más volví a ser la misma.

En realidad todo empezó a cambiar desde aquél 28 de marzo que tu mamá me dijo: "vas a ser tía", era la primera vez que me decían algo así y a través de sus palabras empezaba a experimentar lo hermoso que es que alguien tan chiquito e indefenso 'dependa' de vos. Cada vez que estaba mal tu mamá me decía: "mi bebé no te quiere sentir triste" y eso era suficiente para entender que no todo podía ser tan doloroso.
Así fue pasando el tiempo, la panza empezó a crecer, me pateaste por primera vez y fue motivo suficiente para quedar muda (y faltar a la facultad, pero vos no digas nada) situación muy rara en mí.

Cuando me estaba por ir de la clínica tu papá me dijo: "¿lo querés tener a upa?" y ahí sellamos algo que solo nosotros dos tenemos. Apoyé tu cabecita en mi brazo derecho, te acomodaste, y cuando te acerqué mi dedo índice a tu manito, lo apretaste y ya las lágrimas no se contuvieron más. Todos hablaban y nosotros nos estábamos sintiendo por primera vez, aunque parecía que nos conocíamos de toda la vida.

Ese día volví a mi casa siendo una persona diferente. Ese día empezamos a crecer juntos en esta hermosa relación que me da mucha felicidad. En la que siento que, como vos, aprendo cosas todos los días. En la que proyecto todo el tiempo cuando pienso en lo grande que estás y apenas tenés un año.

Y en la que me emociona minuto a minuto, motivo por el que no puedo escribir más, porque las lágrimas no me dejan ver la pantalla.

Feliz Cumple Sobrinito. Gracias por convertirme en Tía y hacerme tan feliz.

Te Amo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Autobiográfica

Llegué al mundo un lunes, 27 de octubre de 1986, a las 8:50 de la mañana. Increíblemente madrugué para nacer, porque desde ese día detesto levantarme temprano. Según cuenta la madre que me parió, le atrasaron el parto. Las contracciones empezaron el domingo a la tarde y como era domingo… en fin, ustedes saben, burocracia. Con este dato llegué a la conclusión que por ese motivo adoro trasnochar y disfruto tanto de la soledad de la noche, me hicieron hacer cola para nacer.

Tengo memoria auditiva. Me encantan los sonidos y las escenografías que se pueden armar con ellos. La música. Escuchar. Escucharme. Escucharlos. Me encanta prestar atención a la melodía de las palabras, la entonación, la firmeza o no al pronunciarlas. Eso me llevó a encontrar mi primera vocación: ser productora de radio. Un medio de comunicación que me acompaña desde que nací y me enseñó a imaginar.
Por otro lado tengo memoria visual y creo que una imagen dice más que mil palabras. Eso me llevó a enamorarme de la fotografía y a ser un obturador constante de todo lo que me pasa para guardarlo como una postal.
Nunca me gustaron los números. De hecho creo que solo dividen, aunque intenten sumar, restar o multiplicar. Las cifras siempre dan las peores noticias, el resultado de un partido, un sueldo mal pago, la temperatura, porcentaje de desempleo, de inflación, de producción. En cambio las palabras unen, amenizan, tranquilizan, humanizan, acercan, enamoran, y hasta la peor tragedia, bien relatada no parece ser tan grave. Eso me llevó a encontrar mi segunda vocación: el periodismo.
La comunicación es la base y los cimientos de mi vida. Y para ello utilizo los cinco sentidos. Siempre atenta. Siempre pendiente. Siempre escuchando, viendo, degustando, olfateando y tocando la realidad que me atraviesa.

Cuando era chica me gustaba pintar. Y es el día de hoy que me encantan los colores. Estoy convencida que modifican el ánimo. Pero como no se pintar, pinto con las palabras. Es mi forma de darle un arco iris diario a la vida.

Me encanta el olor a libro o revista nueva. Y el olor de la lluvia. Placeres gratuitos.

No sigo modas de ningún tipo. Y es muy raro que lleve una remera con la cara de una personalidad que me guste. Porque creo que no hay nada más original que ser uno mismo y tener fundamentos para demostrarlo. Sino sería un: “soy ésta remera”, o sea: soy otra persona.

Disfruto de estornudar, bostezar y suspirar. Son como los botones de emergencia de nuestro ser y por qué no los termómetros naturales de nuestro entorno. El suspiro te indica placer, el bostezo aburrimiento o un espacio no agradable y el estornudo cierta alergia a lo que nos rodea.

Siempre dije que soy una mezcla de Mafalda, Lisa Simpson, Enriqueta y Matilda. Utópica. Idealista. Extrasensorial. Aquélla que cree que los imposibles son posibles. Que si cada uno hace lo que le corresponde como ser humano, la sociedad sería otra. Que no hay que cambiar al mundo, sino que tenemos que cambiar nosotros. Que mira todo el tiempo las pequeñas cosas que pasan sin pena ni gloria pero que son las más lindas de la vida.

Cuando tenía cinco años mi abuela decía que por mis actitudes y verborragia era una adulta adentro del cuerpo de una nena.
Por otro lado una vecina mayor siempre se acordaba de una anécdota de cuando tenía esa edad. Una vez mi mamá fue a llevarle algo, conmigo, a la hora del almuerzo y ella me convidó lo que comía, milanesas, cuando quiso cortarme un bocado, al ver su intención le dije: “no deja, yo puedo sola”, acto seguido agarré los cubiertos, corté y comí. De chiquita quería valerme por mi misma y no esperar a que los demás hicieran las cosas por mí. Ahora te digo que las cosas hay que vivirlas, no te las tienen que contar. Y que jamás esperes que alguien haga algo por vos, te podes llevar decepciones y en el mejor de los casos no quedarte conforme.

Hay una cosa que me genera vicio y que cuando empiezo a consumirlo hasta que no termino no paro: el jugo de naranja o pomelo recién exprimido. Una adicta new age.

Andar en bicicleta tiene varios significados para mí. Por un lado es ser concientes de que tenemos que tener nuestro propio equilibrio en la vida para no caernos. Por otro, que para avanzar hay que pedalear, o sea: movernos, somos nuestro propio motor y le damos la velocidad que queremos. Y por último, somos nuestra propia carrocería, o nos protegemos de los golpes o sufriremos las consecuencias. Una metáfora didáctica.

Soy de las que piensan que los abrazos son sanadores. Que al hacerlo intercambiamos energía. Y el gesto ya dice mucho. El simple hecho de abrir los brazos para recibir a alguien y envolverlo no es poca cosa. Es un acto involuntario. Pero que nace o no nace. Y ese detalle no es menor. Es parte del lenguaje corporal al que presto atención todo el tiempo. Y soy una gran abrasadora porque me encanta que me mimen.

Para mí la radio mal sintonizada es más irritante que una gotera. He dicho.

Tengo una maestría en esquivar personas en grandes amontonamientos. Y creo que tiene que ver con que soy muy expeditiva. Aunque reconozco que a veces dejo todo para último momento, porque cuando trabajo bajo presión es cuando mejor me salen las cosas.

Si la tormenta es de noche, me encanta irme a dormir escuchándola. Si es de día disfruto salir a caminar o andar en bicicleta debajo de ella. Y si es verano, la pileta con lluvia es lo más gratificante.

Soy escorpiana, y eso me lleva a ser como el ave fénix, muero y resucito todo el tiempo. La vida no me pasa, me atraviesa y es por eso que sigo el curso de una novela: principio, nudo y desenlace.

Sufro de verborragia oral y escrita. Si estoy callada o escribo poco, preocupate.

Mi vieja de Boca, mi viejo de River, yo de Vélez. Mi viejo ketchup, mi vieja mayonesa, yo salsa golf. Mis viejos Movistar, yo Personal. Siempre, siempre, fui por el camino diferente. Como esos, mil disparadores más.

Soy de las que van sonriendo por la calle para ir desentonando con el resto. Y aquellas que saludan al llegar a un lugar, piden las cosas por favor y agradecen y se disculpan si hizo algo mal. Casi una especie en extinción.

A pesar de la tecnología y de la practicidad de las biromes, las cosas importantes las escribo con pluma. Y qué lindo momento cuando se queda sin tinta y tengo que cambiar el cartucho.

No se cómo llegué hasta acá. Pero todos dicen que es difícil describirse. Y yo creo que los pequeños actos y los más insignificantes detalles hablan de uno mismo y dicen mucho. O al menos es una buena manera de empezar.